
Este fin de semana he estado de asamblea. Si, como leéis, este fin de semana. Son dos días en los que los jóvenes (y los no tanto) jugamos a hacer política y a ser políticos. Pero personalmente, creo que eso se queda ya en secundario, ya que lo mejor de todo es la comunicación y las horas compartidas con gente que tiene inquietudes parecidas a las tuyas, aunque un fondo ideológico diferente.
Se comparte tertulia, desayuno, comida, debates, soliloquios y acusaciones. También cariño, simpatia, sospecha y resoluciones. Compartes complicidad, alcohol, hielo y algunas veces sábanas. Y siempre queda lo mejor, que es la amistad por dos días, repetida cada seis meses, o las nuevas personas que entran en tu vida y con las que piensas volver a repetir experiencia sociológica.
Quizás el tiempo no acompañó lo suficiente, pero el encanto de La Manga aun sigue vivo (no tanto como desearía), además que disfrutamos de un breve viaje en barco por el Mar Menor medio rizado (cosa rara que podré contar algun día a mis crios, si los tengo), aunque la mejor sensación es acusar el apoyo de unos aplausos fervientes de tus rivales políticos ante una intervención asamblearia. Muy grato por cierto.
Espero poder repetir y seguir dando leña una vez más, o intentarlo nuevamente, para terminar satisfecho con uno mismo. Un saludo para todos los delegados y en especial para los invitados que nos acompañaron en esta grata asamblea juvenil.

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